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Abraza un árbol, conecta con la vida

En varios talleres y meditaciones que he realizado es muy frecuente que se recurra a la imagen de los árboles como elemento sanador, como una forma de conectar con el cielo a través de sus ramas que simbolizan al padre y con la tierra a través de las raíces que simbolizan a la madre.

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Ombú

Es un recurso muy usado para sanar relaciones familiares, para conectar con la madre naturaleza, para canalizar los miedos o descargar energías, el árbol lo absorbe todo, puedes insultarle, pegarle, descargar tu ira…, que él lo transforma.

También en las nuevas terapias, el árbol familiar es uno de los principales elementos de análisis para detectar y sanar conflictos, el árbol simbólico o real es una fuente de energía y conocimiento única.

Cuando era niña en casa de mis abuelos maternos había un gran ombú, el cual me encantaba, era llegar y desaparecer en el fondo del patio e ir a jugar en él, no sé decir exactamente que tenía, pero me encantaba estar ahí, quizá por sus raíces  o porque podía trepar por sus ramas, estoy hablando de cuando tenía 6 o 7 años, no creo que más…

Para los que no conocéis el ombú, es un árbol con una raíz prominente característico de Argentina, es el típico árbol de los cuentos de hadas del bosque con una sombra muy tupida, es como el anciano de los árboles.

En mi casa también tenía un lugar favorito, el cedro azul. Debajo de él construía mis casitas de muñecas o me inventaba mil historias. El cedro simboliza la fortaleza espiritual, la fertilidad y la abundancia, equilibra la energía, el chi.

A nivel psicológico reafirma la mente consiente y nos ayuda a afrontar los cambios repentinos, nos provee la fuerza para transformar cualquier situación negativa o amenazante en una experiencia de sabiduría y fuerza. No sabría decir qué propiedades tiene el ombú, pero cualquier persona que se ha encontrado con él diría que impone un respeto único y que es el árbol perfecto para sentarse debajo de él.

niña en el árbolDe niños somos más receptivos al contacto con la tierra y con la naturaleza, ¿acaso no recordáis lo felices que éramos cuando llovía en verano, al salir a jugar bajo la lluvia?, chapoteando descalzos en el barro, sin filtros, ni preocupaciones, sólo disfrutar del momento, del aroma de la tierra mojada, del olor de los pinos o los árboles que teníamos cerca…

No somos conscientes de que la terapia más barata está en el patio de casa para quienes tienen ese privilegio, en el parque de la urbanización o en el de la esquina. Para los que viven en la ciudad quizás tengan que ir un poco más lejos, pero siempre encontrarán un árbol.

Esto no lo digo yo, sino que está demostrado por distintos estudios científicos que han confirmado que al abrazar a un árbol mejora la salud y nos hace más felices, se produce un enlace entre ambas energías o frecuencias vibratorias que beneficia a ambos.

Para los taoístas esto no es un misterio, así como transforman el dióxido de carbono en oxígeno, también son capaces de transformar la energía negativa en positiva.niños besando árbol

Los árboles son las plantas de la tierra más grandes y evolucionadas en el plano espiritual y podemos aprende a comunicarnos con esa energía, todo parte de la observación. Como seres vivos que son, no todos tienen el mismo comportamiento, por eso es fundamental aprender a percibir las energías, hay árboles que son más amigables que otros y aquellos que están en lugares públicos son más receptivos con los humanos que los del bosque.

Puede que al principio no notes nada, porque no se trata de ir a abrazar el árbol y ya está, sino de unirse a él, al principio puedes ir, sentarte bajo sus ramas, pegar la espalda a él, o hablarle con tu mente, o tocarlo, te tiene que ir conociendo y tú a él, tienes que hacerte amigo.

Si logras vencer tus prejuicios y te sumerges en tu interior, quizás descubras que es más placentero ir y hablar con un árbol o estar sentado en su compañía, que estar rodeado de gente, sintiéndote sólo.

 

 

 

 

 

 

Univergia

Crecer, vivir de forma sana y saludable, conectar con el Yo interior… es un camino que debemos hacer nosotros mismos, pero no estamos solos.

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